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Pequeñas anécdotas sobre las instituciones

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No es mi intención herir la susceptibilidad de nadie en particular, creo que cualquiera es libre de poner la fe donde le dé la gana, pero a su vez no podía estar tranquilo sin exponer este relato de mi historia personal.


Yo fui una persona que por interés propio decidí desde chico intentar tener una vida relacionada con lo espiritual. Recuerdo que a la edad de 10 años le dije a mi madre que quería tomar la comunión en la iglesia de mi barrio, recuerdo que en 3 semanas me estudie un catecismo cuyo curso en la iglesia duraba un año.


Llegado el 10 de diciembre, tome la comunión.


Luego decidí hacer el curso de la confirmación. Fue otro año y acepté el sacramento de la confirmación (así le llama la iglesia católica a ese rito).


Con una Biblia en mi mano, recuerdo que entre los 12 y 13 años me dedique a leerla en forma completa. No entendí nada, pero sentía dentro de mí que si leía la Biblia y habiendo hecho todas las cosas que hice relacionadas a la iglesia de hecho que tenía una vida espiritual. Y me levantaba todos los domingos para ir a la misa, me costaba un montón levantarme a las 9 de la mañana un domingo para la misa de 10hs, pero volvía contento porque entendía que había hecho lo que a Dios le agradaba.


Recuero que me sabía todos los rezos, me sabía todas las canciones y encima conocía el nombre de todas las estatuas de los santos que había en mi iglesia.


Pero pasado el tiempo, fui sintiendo descontento por hacer todo lo que hacía.


Primeramente me hacía mucho ruido en mi cabeza el hecho de caer en “pecado mortal” por faltar a la misa. No lograba entender en mi razonamiento como el faltar a una misma era comparable a matar a una persona. Esto según la enseñanza que recibí en el catecismo en referencia a la doctrina católica del pecado: estaba el pecado “leve o venial” que era el pecado que me perdonaba Dios si me confesaba con el cura y luego el pecado “mortal”, que nunca me dijeron si se perdonaba o no, pero que era mucho más grave que el pecado leve o venial y que, por lo que percibí en el catecismo era como si estabas en un gran problema si estabas en “pecado mortal”, en fin.


Posteriormente, en un culto, escuche la palabra “sacrilegio”, recuerdo que me preocupe mucho, porque el cura que daba la homilía, el Padre Juan, de la Iglesia Santa Lucia de Barracas. Capital Federal, Buenos Aires, decía que venir a recibir “el cuerpo de Cristo estando en pecado Mortal o habiendo faltado a misa y no haberlo confesado, no tenía remedio.


Juntamente con esas cosas, recuerdo que antes de que comenzara la misa, yo le rezaba a cada uno de los santos que había en esa iglesia y, si alguna vez no lo hacía o no le rezaba a todos los santos algo estaba mal..


Sumado a que cada vez que confesaba un pecado en el confesionario recibía una penitencia de tanta cantidad de un tipo de rezo y tanta cantidad de otro tipo de rezo, y me pesaba, por otro lado, en mi razonamiento no entendía como algo tan importante como el perdón estaba sujeto al criterio del cura que me mandaba la penitencia. ¿Tantos rezos por esto?, ¿tan grave fue que me mando 10 padrenuestros?, ¿por qué cinco ave maría por decir una mala palabra?. Y en definitiva sentí en mi corazón una gran cantidad de cuestionamientos que me hacían esa tarea de llevar una vida espiritual cada vez más pesada.


Recuerdo que una vez en catecismo el diacono que nos daba las clases me dijo un día que San Andrés se enojaba si yo me masturbaba.


Una vez, cansado de todo esto deje de ir a la iglesia y, sin confesarme, fui a tomar la comunión, a recibir “el cuerpo de Cristo”. La realidad es que no pasó nada. Tampoco me sentí culposo. Está bien, fui en un estado de rebelión intenso y a decir verdad me sentía más contento de haber “transgredido la norma” que culposo por haberla “violado”.


Pasado el tiempo yo deje de ir a la iglesia, seguí creciendo y madurando. Con el paso de los años llegue a sentir una gran aversión por esa institución. Sentía que me había quitado gran parte de la libertad emocional que te brinda la niñez y empecé a entender lo anticuado de sus dogmas, sus contrariedades, su intervención en los temas políticos y sociales desde lo político que nada tiene que ver con el verdadero sentido de una institución religiosa.


Hasta ese momento la palabra “FE”, jamás la había escuchado.


Tenía treinta años cuando conocí a la que es mi esposa. Ella era evangélica, estaba apartada en ese momento, pero a partir de ciertos acontecimientos espirituales que se presentaron en mi vida ella comenzó a practicar nuevamente su “fe”. Recuerdo que en la época en que yo me congregaba en la iglesia católica a los cristianos verdaderos se los llamaba protestantes y en cada homilía que se tocaba ese tema se los presentaba como “rebeldes a las verdades de Dios”, sinceramente hablando, muy poco me preocupó (nada en realidad) el dilema de estar con una “protestante” compartiendo mi vida.


Estando de novios y, habiendo ya pasado tiempo de convivencia juntos ella me predico el evangelio y yo comencé a escucharla, hasta que un día oramos juntos y comencé a seguir el mismo camino de fe de ella.


Recuerdo que la sensación de estar en la verdadera “fe” me dio una gran alegría en el corazón, todos mis temores se habían dispersado, sentía la presencia de Dios en mi vida, comencé a experimentar esa sensación de esperanza que todo cristiano experimenta cuando se convierte sinceramente a Cristo.


Lo primero que hice fue leer la Biblia de punta a punta nuevamente, y la diferencia que encontré a la primera vez que la leí, salvando las edades, fue que le encontraba un verdadero sentido a todo lo que estaba escrito en ese libro. Y comprendí muchas cosas.
Una de ellas es que todo lo que aprendí en la iglesia católica no tenía congruencia alguna con lo que estaba escrito en la Biblia. Nada de lo que había aprendido en mi niñez y adolescencia sobre esa institución era verdad a la luz de la Palabra de Dios.


Recuerdo que el primer velo que me cayó fue el tema de la adoración. Yo le rezaba a todos los santos antes de la misa y me asombre de lo que la Palabra de Dios decía al respecto de orar o adorar imágenes:


“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Deuteronomio. 5.1-6)


¡Increíble! La iglesia de mi barrio estaba atestada de estatuas de santos, había como ocho de un lado y ocho del otro, simétricamente ubicadas, mas la estatua de madera de Jesús crucificado encima, diecisiete imágenes, y había almohadones para arrodillarse a orarles.
Estive haciendo algo que el Dios de las Escrituras aborrece durante tanto tiempo. Oraba y pedía a las estatuas y llevaba estampitas encima a todos lados y en realidad la Biblia lo expone como una de las mayores condenas para el ser humano.


Después con el tema de la confesión, el confesionario y todas las penitencias que debía rezar


"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2: 5).


La Biblia dice que hay un solo intercesor entre Dios y los hombres, Jesucristo. Yo me confesaba ante un cura que de intercesor ante Dios no tenía ninguna autoridad.
Como penitencia debía rezar una cierta cantidad de veces un tipo de rezo y otra cantidad otro tipo de rezo, pero sobre eso también encontré otra discordancia con las Escrituras.


“Y al orar, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis.” (Mateo 6:7-8)


Era todo un fraude, nada de lo que hacía en la iglesia católica estaba bien con respecto a eso, nada… era todo al revés… comencé a preguntarme en donde me había metido. Pero si bien en la Biblia esta la oración del Padrenuestro, en ella Jesús la enseña como modelo para orar, es decir por qué cosas debemos pedir al Padre, a saber:


“Padre Nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre”, nos dice que debemos orar en adoración al Padre.


“venga a nosotros tu reino”, Así como Cristo predico en la tierra que “el reino de Dios se ha acercado, una vez resucitado volvió glorificado a la diestra del Padre, esperando volver por los que creen en su nombre cuando el Dios el Padre lo decida. Como cristianos debemos orar por eso.


“hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”, la Biblia dice que el mundo está bajo el maligno (1° Juan 5:19), el maligno es el diablo, debemos orar para que se cumpla su voluntad cuando venga Cristo a instaurar su reino.


“el pan nuestro de cada día dánoslo hoy”, esta es una oración cumplida, Dios promete sustento a todos los que se preocupan en esta tierra por el reino de Dios y su justicia y todas esas cosas vendrán por añadidura, refiriéndose a nuestras necesidades como humanos que somos.


“y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” No solo a él debemos pedirle perdón por nuestros pecados (sin intermediaros en ningún habitáculo confesionario), sino que no vamos a recibir perdón si no perdonamos primero a los que nos ofenden. Debemos pedir perdón a Dios por nuestros pecados, pero esa petición será escuchada si primero perdonamos a los que nos ofenden.


“y no nos dejes caer en la tentación, Amén”, debemos orar para vivir bajo la guía del Espíritu Santo pidiéndole a Dios fortaleza ante nuestras concupiscencias y a las tentaciones que nos pone el enemigo. Somos de carne mientras vivamos aca, estamos prestos a tentarnos no solo por medio de Satanás sino porque nuestra carne y sus deseos son incompatibles con el reino de Dios.


En definitiva, otro fraude de la Iglesia Catolica, y yo en la misa debía orar el “Gloria”, el “Padrenuestro”, y las contestaciones automáticas “.. y con tu espíritu”, “no soy digno de alabarte, pero una palabra tuya bastará para sanarme”, todo en discurso nada del espíritu, como autómatas.


Después apareció el tema del pecado. Me habían enseñado que había diferentes clases de pecado los que Dios perdonaba y los que Dios… (Nunca me lo habían revelado pero parecía que con los pecados mortales se armaba la podrida).


La Palabra de Dios es clara, debemos ser santos porque “Dios es santo”, es decir, ninguna clase de pecado era compatible con la comunión con Dios. Otra mentira mas… otro fraude mas… otra doctrina de hombres más… otro engaño mas…


“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:1


Una de las cosas que experimente cuando comencé este camino de fe es que mi relación con el pecado cambio. Antes no pecaba por miedo, pero siempre estaba con miedo porque la naturaleza del corazón del hombre siempre esta inclinada al mal (Génesis 8:21). Hoy el pecado lo aborrezco, no me llevo bien con él, pero eso no significa que no peco mas, sino que, a pesar de mi naturaleza tengo una promesa que me da esperanza. En definitiva, la diferencia está en hoy no quiero pecar aunque a veces, y como a todos les pasa, peco. Uno no puede dejar de pecar permanentemente hasta el día de su muerte.


“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1° Juan 1:19)


Ahí se me cayó otro velo, la Iglesia Catolica como institución se seguía manejando como en la edad media, por medio del terror y ejerciendo el control total del ciudadano bajo dogmas inteligentes que hieren las emociones humanas sometiendo al ser humano a la sujeción por temor. Es más, en ningún lado de la Escritura existe una diferenciación del pecado en rangos de gravedad. Solo menciona que el único pecado que no se perdonará es la Blasfemia contra el Espíritu Santo. Que significa una cosa completamente diferente al concepto del pecado mortal que profesa la Iglesia Católica.


Como es mi naturaleza, desde chico, siempre tuve una personalidad curiosa y de tratar de encontrar la verdad en todos los aspectos de mi vida, y en los que rodeaban mi vida, y siempre fui tras mis interrogantes buscando respuestas. Por ende, desde que me convertí al Señor comencé a estudiar la Biblia, jamás deje esa costumbre hasta hoy. Y seguí descubriendo más cosas que realmente me parecieron horrorosas. Y sin la intención de ir contra la Iglesia Católica, pero esas verdades aparecían…


Una de ellas es el tema del rito que conmemora la misa. En una misa católica, se conmemora la última cena que Jesús tuvo con sus discípulos, simbolizando al pan como su cuerpo y el vino como su sangre, Y Jesús en la Palabra deja claro que “debemos hacer esto en conmemoración suya”. Ante su ausencia y hasta que vuelva debemos conmemorar ese momento y el puso su forma con el pan y con el vino. Pero, ¿se conmemora eso?.


En el antiguo Egipto existía la creencia de que debían entrar en comunión con sus dioses comiendo su carne. Ese ritual se llama transubstancialización. Ellos adoraban al sol (Ra) y en sus ritos usaban un cetro que en su extremo superior tenía la imagen de un sol, todo dorado ese cetro, y en la circunferencia circunscripta entre los rayos de ese sol colocaban una hostia. Recitaban sus conjuros levantando el cetro hacia el sol, a mediodía, y luego de recitar sus conjuros creían que esa hostia se convertía en la carne del sol Dios y lo comían. Así también con el vino, creyendo que se convertía en su sangre, y lo bebían.


En una misa Católica se realiza el mismo ritual. Recuerdo que cuando me tocaba ser monaguillo, en ese momento de la misma yo debía agitar una campanita y cuando la terminaba de agitar todos los fieles se arrodillaban y oraban a quien no sé, pero de seguro no era la carne de Cristo.

Miren esta foto.

 

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A lo largo del evangelio de Juan, Jesús es descripto no solo como el pastor de las ovejas sino como el pan de vida y declara que nadie puede entrar en comunión con el si no se come su carne y se bebe su sangre:


“El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él”.(Juan 6:56)

Ahora, este versículo quiere decir que debemos alimentarnos de su palabra y ser redimidos por la sangre que derramó en la cruz para el perdón de los pecados de todos los que en Él creen, nada tiene que ver con creer que estoy comiendo su carne literalmente hablando como lo profesa la Iglesia Católica, eso es blasfemia.

Un horror…

Ahora, hace dos años me propuse estudiar el Apocalipsis junto con el libro de Daniel, quienes saben de teología bíblica profesan que se deben estudiar juntas, y cuando llegue al Capítulo 17 del libro del Apocalipsis me encontré con esto:


Apocalipsis 17 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Condenación de la gran ramera

"Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; 5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro. Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos. La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será. Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición. Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles. Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra."

Mira esta foto ahora:

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¿No te dice nada?


El Apocalipsis o libro de la revelación es el último libro de la Biblia, y explica el destino final de todo lo que conocemos, visible y no visible. Es el relato de los últimos tiempos de este mundo y el juicio final de Dios sobre la humanidad.


El Vaticano está edificado sobre siete montes: el Capitolino, el Virminal, el Quirinal, el Esquilina, el Celi, el Palatina y el Avintina. ¿Hace falta que te diga quién es la dama de rojo?


En los años que yo viví practicando la fe católica jamás escuche en una homilía a un cura predicar sobre este libro ¿por algo será no?


Gracias Señor, por darme las respuestas, por mostrarme el camino, por seguir la senda correcta.


Que el Dios que me rescató haga con vos lo mismo que hizo conmigo!!!!!!!!!!!!!!

Hernán Moreiras.

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